jueves, 28 de octubre de 2010

Final de "Una noche en una taberna".

La codicia y la muerte.

     Una vez asesinados los cuatro marineros, el ídolo que venía de la India, pasó de su poder a sus fallecidos compañeros sacerdotes. Éstos resucitaron y se fueron con él.
     Los sacerdotes pasaron a ser los únicos poseedores del rubí, que se convertía cada vez más en la piedra preciosa más codiciada del momento, por la que muchas personas habían perdido la vida.

Final de "La persecución del maestro".

La lección mejor aprendida.

     Tilopa permaneció con él y le dijo: - Ya has aprendido la lección, no tengo nada que enseñarte.
     - ¿Me esforcé tanto en hallarlo y ahora no lo necesito?
     - Sí, pues mientras me buscabas aprendías algo nuevo cada día.
     - Es decir, que siempre estuviste conmigo.
     - Cierto, sólo que no te diste cuenta. Es hora de retirarme y encomendar mi misión a alguien más. Tú eres el elegido; estás siempre dispuesto a sacrificarte para lograr lo que quieres, tienes valentía y coraje para enfrentar los adversidades.
     Tilopa entregó a Mallú la lámpara de la sabiduría y desapareció en el cielo de esmeralda y plata.

Final de "Glotonería mística".

Peces revelados.

     Uno de los peces le dijo al monje: - Por personas como tú es que no nadamos en las orillas. Estos peces se respetan y no entran en todos los estómagos. Vámonos y no volvamos más por aquí.
     Los peces se retiraron y el monje espantado no pudo decir nada, salió del agua y hasta el sol de hoy no ha vuelto a comer ningún tipo de marisco, pues el extraño testimonio que le acaeció lo frustró por el resto de su vida.

Final de "Ser polvo".

Renaciendo de las cenizas.

     Sin embargo descubrí que el morir como una tuna no era lo más conveniente, por lo que decidí levantarme y caminar. Con un gravísimo esfuerzo, pues mis extremidades inferiores estaban completamente entumecidas, logré sobrepasar el frente del cementerio y a tan sólo una cuadra se hallaba un estanque de agua cristalina, que pensé que tal vez lo habían construído para situaciones cono éstas. Comprobé mi estupidez, pues por haragán había sufrido más de lo que debí. Seguí avanzando y hallé un salto de agua que se desprendía de una colina. Inmediatamente noté las luces que salían de detrás de ella y comprendí que para llegar al pueblo tenía que escalarla. Lo primero que se me ocurrió era lo más conveniente en esta situación, conseguir comida antes de emprender el viaje, y en los alrededores de la cascada había un sin número de árboles frutales que podía aprovechar para satisfacer mi necesidad. Las pocas píldoras que me quedaban las enterré en la arena; estaba en total y definitiva actitud de cambio. Tomé más reservas de alimentos para la marcha y comencé a trepar la infinita montaña.
     Pasaron dos días y por fín llegué a Río Negro. Fué así como una amarga experiencia me hizo levantar de mis cenizas, como el ave fénix.

Final de "Sueño de la mariposa".

Sólo fué un sueño.

     La mariposa tenía tonos de azul y verde y manchas oscuras en sus alas puntiagudas.
     Cuando Tzu asustado despertó se tranquilizó al ver que aún conservaba su forma y pensó: - Me gustan las mariposas pero todavía no he llegado al punto extremo de querer ser una. Que sueño tan extraño.

Final de "Casa tomada".

Sin los brazos cruzados.

     Ví que eran las once de la noche. Nos fuímos rumbo al cuartel policial y le dije a Irene: - Nos tomaron la casa pero tenemos las llaves y el título de propiedad en el carro, por lo que aún no tienen nada. Tenemos esperanzas de recuperarla.
     Cuando llegamos al lugar, unos pocos agentes que quedaban nos atendieron. Inmediatamente comenzó la investigación y llegaron a la conclusión de que nuestra casa había sido tomada por los cuarenta ladrones que entraron pronunciando las palabras mágicas "Ábrete sésamo".
     Los oficiales consternados por la particularidad del caso, devolvieron nuestra casa con todas nuestras pertenencias y condenaron a cincuenta años de prisión a los involucrados.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Final de "El gesto de la muerte".

La realidad que costó aceptar.

     La muerte se fué tras él, tomando  rumbo hacia Ispahan. El príncipe trató de detenerla pero era inminente lo que habría de suceder.
     Varrent tomó el tren camino a Sotahan al percatarse de que la muerte lo perseguía, pero se encontró con ella cuando atravesaron la estación que da al monumento Pokymusi y las rieles no soportaron el peso derribando el ferrocarril hacia el precipicio.